EL INICIO DE LA CRISIS

El documental Inside Job explicaba la crisis financiera iniciada en el mundo occidental en 2008. La película, MARGIN CALL, opera prima del director  J.C. Chandor, dramatiza el principio de la misma desde el despacho de una firma intermediaria de productos financieros, de un banco de inversión, lo que hace explicarla de nuevo para el espectador.
La crisis financiera del capitalismo occidental fue causada por comerciar con hipotecas de dudoso cobro, concedidas a bajos intereses a personas modestas en medio de una burbuja inmobiliaria. Cuando ésta se pinchó, algo que todos esperaban tarde o temprano, el castillo de naipes se derrumbó progresivamente. Estas  hipotecas basura, mierda, en el lenguaje de la película, fueron reunidas en paquetes y vendidas al mejor postor en el mercado financiero mundial. Habían sido creadas por jóvenes ingenieros, científicos que en vez de seguir su carrera en el campo en el que se formaron, trabajaban en Wall Street, por lucrativos sueldos.
Cuando las proyecciones matemáticas de esos ingenieros, descubrieron que el comercio financiero se había pasado de rosca por especulativo, ajeno a la realidad de la economía norteamericana y mundial, empezó la crisis: caída del valor de dichos productos y de las entidades poseedoras de los mismos.
En la película se afirma que el mercado financiero se basa en la confianza entre los compradores y vendedores, porque si ésta no existiese, o se produjese un engaño intencionado, las transacciones desaparecerían, dicho mercado caería en picado. Eso fue lo que se produjo en la realidad. Las entidades financieras empezaron a deshacerse de los productos basura cuando tuvieron valor lo que causó a su vez, su depreciación por excesiva oferta. Al final, llegó la ruina a un gran número de bancos norteamericanos y europeos, incluso algunos de sus estados soberanos.
La película retrata la tarde, la noche y el día cuando se descubre la necesidad de vender los productos basura y se venden a marchas forzadas entre distintas entidades mundiales, cueste lo que cueste, es decir, a costa del sueño y del trabajo de los operadores o brokers, de su futuro profesional, a cambio de elevadas primas por su despido a pesar de todo, o no, con tal de sacar rentabilidad a unas mercancías sin valor. El resultado, el mantenimiento de la empresa en vez de su desaparición, pero sin embargo, el comienzo de una crisis mundial, de una recesión de la que todavía no se ve su final.

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