ESTÉTICA DE LA GUERRA FRÍA

La llamada Guerra Fría supuso el enfrentamiento disuasorio entre el mundo occidental y el bloque soviético fuera del campo del batalla, principalmente a través de la información sobre el enemigo, del espionaje, mientras una serie de conflictos menores surgían en el globo a consecuencia de tal oposición de sistemas políticos, económicos e ideológicos. La película EL TOPO (Tinker Tailor Soldier Spy), dirigida por Tomas Alfredson, basada en la novela de John Le Carré, del mismo título, narra la peripecia de George Smiley junto a otros espías, que en misión especial, tienen que destapar la personalidad de un agente doble, que está dañando la credibilidad de la inteligencia británica.
La película capta de manera extraordinaria la moral de los espías, de la Guerra Fría, donde éstos eran la avanzadilla del conflicto y donde las líneas de separación entre unos y otros se encontraban borrosas muchas veces, en el que el se producía un juego confuso de informaciones falsas y de asesinatos selectivos cuando se sobrepasaban. Se produjeron infiltraciones en los dos bandos, topos o agentes dobles, algunos famosos sobre todo en Gran Bretaña o Alemania, dirigidos por Karla, el famoso jefe soviético.
Resulta todavía de mayor interés, la captación de la atmósfera de los años setenta en la decoración interior de vetustos edificios con oficinas clandestinas en las calles del centro de Londres. Al director le resultarían una buena fuente de inspiración las películas de la época o un poco anterior de la misma temática, que se ven en cierto modo reflejadas por la utilización de un color pálido, sombrío, de acuerdo con la reserva con la que actúan los protagonistas, con la que ejercen la violencia que rara vez se hacía pública. Si los espías, los dos bloques enfrentados vivían una verdadera guerra, por otra parte, ésta no debería llegar a producirse de forma efectiva, porque desencadenaría la destrucción total de los dos bandos.
Sobresale igualmente en la película la interpretación de un gran reparto de actores británicos, desde John Hurt, como Control, pasando por Colin Firth, Bill Haydon, en el papel de el Topo, hasta, Gary Oldman, como Smiley, que protagoniza gran parte de las escenas, especialmente de la última cuando se sienta como jefe de los Servicios Secretos tras descubrir la trama. A ello se une la música muy apropiada para la historia de Alberto Iglesias y aquella icorporada a la misma, como en esta última escena, con la famosa canción francesa, La Mer, en versión del también español, Julio Iglesias.

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