MUJER Y PROSTITUCIÓN

La película, ELLAS (Elles), está dirigida y escrita en parte por la polaca, Malgoska Szumowska, que cuenta el impacto que le produce a la protagonista el contacto con dos jóvenes universitarias que se pagan los estudios ejerciendo la prostitución. Ella, Anne, interpretada por la famosa, Juliette Binoche, es una periodista que tiene que escribir un artículo para la revista femenina, Elle, sobre las mujeres jóvenes que se ganan la vida en París. La película se extiende durante el espacio temporal de un día cuando tiene que terminar el artículo, mientras realiza las labores de la casa, pues tiene que preparar una importante cena con el jefe de su marido, y estar pendiente de sus dos hijos. En este periodo de tiempo rememora la experiencia de entrevistar a estas dos prostitutas en sucesivos flash back, unido a imágenes de los encuentros con algunos clientes.
La experiencia vivida y las ideas de las entrevistadas le van a perturbar especialmente, provocando una reflexión abierta para el espectador sobre diferentes temas como el papel de la mujer, la sexualidad y la familia. La película está constituida de esta manera, por diversos trazos visuales y argumentales que tienen como centro ese desasosiego y desequilibrio que vive.
Anne descubre que las dos prostitutas se entregan por dinero al sexo con libertad no sólo para pagarse sus estudios, sino para conseguir un mayor nivel de vida y una mayor independencia de la que tendrían a su edad, dependientes de trabajos temporales mal remunerados o de lo poco que le diesen sus padres. Dominan y controlan la actividad con los clientes, la mayoría hombres casados con pequeñas vidas volcadas en el trabajo, que les aburre ya su relación de pareja, sin caer en la marginalidad o la explotación.
La directora deja a entender en manos de la feminista, Anne, que existe una linea muy fina de separación entre la actividad libre con sus riesgos de las prostitutas estudiantes y el rol característico de la mujer en la sociedad, que no son nada ajeno a la misma, sino son parte inherente de ella, una parte no convencional, oculta, dentro del ámbito íntimo o sexual del ser humano. Una de las prostitutas, la interpretada por la actriz, Annaïs Demoustier, llega a afirmar que lo peor de todo es que vive un gran mentira. Por otra parte, la protagonista llega a equiparar a la generalidad de los hombres como ávidos de sexo sin límites, de ser clientes de prostitutas al afirmar que en su casa, salvo su hijo menor, los ordenadores, tanto del marido como del hijo mayor, el principal entretenimiento es éste.
El propio espectador se convierte en un verdadero voyeur al ver las escenas de sexo de la película, reforzando el sentido general que quiere dar la directora. Ésto provoca un cierto desajuste en el tiempo y ritmo de la película, donde se pierde el equilibrio entre la vida cotidiana de la protagonista y las escenas del recuerdo, centradas muchas de ellas en las propias prostitutas. La música clásica de fondo intenta proporcionar armonía entre las distintas imágenes del pasado y presente, además de sensualidad y transcendencia.

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