EL OCASO DE LA VIDA

Michel Haneke, director y guionista, recibió una nueva y merecida Palma de Oro en el pasado Festival de Cannes, por AMOR, (Amour), que narra el capítulo final en la vida de una pareja de ancianos antes de su muerte. Todo un episodio dramático que se inicia cuando la protagonista, Anne, tiene un ataque de parálisis, y su marido, Georges, decide cuidarla personalmente motivado por el fuerte afecto que tiene por ella. La enfermedad se irá agravándose y éste apenas recurrirá a la ayuda de su médico de confianza y a alguna enfermera, renunciando a ingresarla en una residencia. Cuando la mujer no puede soportar el dolor que la inmoviliza en la cama, el marido decide acabar con su vida. Es tal el vínculo amoroso que los une, que él parece seguirla en su triste destino.
La película transmite tanto el fuerte vínculo entre la pareja como el intenso dramatismo que supone el proceso de decrepitud y enfermedad. Lo hace con una extraordinaria calidad formal. Si los dos protagonistas son maestros de música, especialmente de piano, ésta es el fondo de muchas escenas, reforzando el tiempo pausado y solemne de las imágenes. Si la escena es su antiguo pero acomodado apartamento de París, los espacios son empleados de forma sabia como elementos fundamentales de la acción, desde la cocina hasta el servicio, con diferentes iluminaciones. Unas veces con los protagonistas y otros vacíos con las estanterías de libros y las bellas pinturas de las paredes como testigos de los que sucede, de la vida pasada. La vida se desarrolló en privado, y la muerte se decide que llegue de esta manera. El espectador se convierte en un testigo tal vez incómodo.
La interpretación de los actores no puede ser mejor, tanto de Jean-Luois Trintignat, como de Emmanuelle Riva. Al servicio del personaje y de forma precisa ponen la sabiduría interpretativa y el físico. Haneke constuye la narración con un montaje invertido. En la primera escena entran los bomberos en el piso, derriban la puerta y descubren el cuerpo momificado de Anne. El mal olor seguramente había llegado a los vecinos. En ese momento comienza la película, la reconstrucción de los hechos que concluyen con la entrada de la hija en el apartamento vacío, sin apenas iluminación, limpio, intacto, memoria de los padres, de dos seres humanos, que tuvieron en él su propia vida.

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