UNA COMEDIA DE ALMODÓVAR

El director y guionista Pedro Almodóvar vuelve a la comedia con LOS AMANTES PASAJEROS, ambientada en un ajetreado viaje en avión con destino a México que termina en Ciudad Real después de sobrevolar la ciudad de Toledo, tras sufrir problemas en el tren de aterrizaje. Los protagonistas son un grupo de pasajeros de bussines class y la tripulación, en especial, tres azafatos y dos pilotos. La comedia se desarrolla como una serie de situaciones que se encadenan donde van tomando protagonismo cada uno de los personajes relevantes: el director de una caja de ahorros que huye del país, una pareja de novios en luna de miel, una mujer con poderes paranormales o un asesino a sueldo. La mayoría ocurren en el avión salvo una serie de escenas en el centro de Madrid y aquellas del final en el aeropuerto donde se produce el aterrizaje. El accidentado vuelo nos informa de las relaciones peculiares que se viven entre los pasajeros, estimuladas por el consumo de alcohol y drogas y la práctica del sexo que oscila entre las diferentes orientaciones. El comandante, Älex (Antonio Latorre) está casado pero tiene una relación con el sobrecargo, Joserra, (Javier Cámara). El copiloto (Hugo Silva), se declara hetero, pero descubre su inclinación por un miembro del personal, Ulloa, (Raúl Arévalo). 
Las distintas situaciones cómicas que se suceden mantienen la atención del espectador, sobre todo las que protagonizan los tres asistentes de vuelo que se declaran maricas, especialmente la que se coreografía dentro del avión para entretener a los pocos pasajeros despiertos, pues la mayoría, de la clase turística(?), viajan dormidos por la ingestión de droga según las órdenes del comandante. Éste es el punto álgido de la historia junto al momento en el que se suman casi todos a sus respectivas experiencias sexuales. Como en otras películas del director, éstas juegan un papel relevante en el guión, en la motivación de los personajes, en el trama afectiva o sentimental de los mismos. También unas circunstancias vitales que aluden a las que muestran los medios de comunicación a diario, en relación con el mundo del corazón o del espectáculo, y lo que es más significativo, la crisis política y económica que estamos viviendo.
El avión de manera cómica sería como una metáfora de nuestro país, de nombre península, que averiado, va a la deriva, con la mayoría de la ciudadanía inconsciente por los gobernantes, que no encuentra un lugar para aterrizar, a pesar del gran número de aeropuertos construidos, algunos vacíos, inservibles, como el de Ciudad Real donde se produce el aterrizaje forzoso. La ciudadanía, los pasajeros están indignados y se dan cuenta del desprestigio y crisis a todos los niveles. Sin embargo, la vida continua y cada uno encuentra su propio destino en busca de la felicidad. Por tanto una comedia en clave española, cuidada de manera exquisita. En la animación en los créditos iniciales y en los títulos del final; en la selección del colorido, llamativo e intenso que destaca en los decorados y en el vestuario de los actores del diseñador, David Delfín; en la música de Alberto Iglesias de acuerdo con la estética pop, típica del director manchego; finalmente, en la luz cálida que refuerza la belleza de los primeros planos y la fotogenia de los actores.

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