LA FOTOGRAFÍA DE CATALÀ-ROCA

Señoritas paseando por la Gran Vía, Catalá-Roca, 1959
El Círculo de Bellas Artes de Madrid organiza una relevante exposición de fotografía titulada, CATALÀ-ROCA, OBRAS MAESTRAS, que reune 150 originales en blanco y negro de la obra de este importante profesional de la imagen documental en España. Centradas en los años cincuenta principalmente, el visitante puede contemplar las fotografías que le han dado fama. Sobre todo aquellas ambientadas en la ciudad de Madrid y Barcelona, es decir, en sus calles principales como la Gran Vía y las Ramblas. Capta con su cámara un tiempo del pasado, el de la dictadura franquista, que se muestra mejor en el blanco y negro de las imágenes, pero no alude directamente al régimen que privó de libertades al país, sino a sus gentes que sufrieron el atraso económico y social.

Gitanilla, Barcelona, 1950
Viajó mucho por España y eso se nota en las imágenes que retratan los pueblos castellanos sumidos en la pobreza de la posguerra. Las casas humildes y las gentes vistiendo auténticos harapos, dedicadas a las labores del campo. La vida en las ciudades parece distinta con mayor lujo, aunque con fuertes contrastes entre las personas que muestran sus mejores galas por el centro de las mismas y aquellos emigrantes que empiezan a llegar a ellas. Fue el mejor fotógrafo de la llamada Escuela de Barcelona en la que destacaba igualmente Oriol Maspons. Conoció a la intelectualidad y los artistas más relevantes de la época como Salvador Dalí, Antoni Tápies y especialmente a Miró, al que retrató junto a su obra en numerosas ocasiones.

Francesc Català-Roca se consideraba ante todo un fotógrafo que disparaba su cámara con el corazón después de encontrar los elementos esenciales que le interesaban de la realidad, el instante significativo, no el más complejo. Cualquier aficionado a la fotografía podrá descubrir un auténtico maestro en el manejo de la luz y la composición. Esta aparece lo mas cuidada posible desde diferentes ángulos, tanto desde una perspectiva picada como contrapicada. Algunas imágenes han sido realizadas casi a ras de suelo. La improvisación del disparo no disminuye la calidad compositiva por la mirada excepcional que poseía. Se iguala por ello a los grandes maestros franceses como Robert Doisneau y Henry Cartier-Bresson.
Gran Vía, Barcelona, 1954

Igualmente fue un gran entendido de la luz que capta con una prodigiosa técnica. Los contrastes lumínicos, sol y sombra, la complejidad que presentan en la imagen no le resultan un impedimento. Le interesan especialmente los contraluces donde la nitidez y calidad de la representación de las figuras adquiere un nuevo valor producto de la diferente intensidad lumínica. La luz del atardecer, la de la intensa niebla, la del humo industrial del extrarradio, son captadas de manera precisa para alcanzar la auténtica belleza de la fotografía.

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