VENGANZA EN BANGKOK

La película, SOLO DIOS PERDONA, escrita y dirigida por el danés, Nicolas Winding Refn, cuenta una serie de venganzas encadenadas iniciadas tras el asesinato de una prostituta adolescente sobre uno de los cabecillas de una organización criminal dedicada al tráfico de drogas y los combates de boxeo, inducida por un policía, cuyos métodos de justicia son el ojo por ojo y la tortura. La cadena de venganzas la estimula y continúa la madre de aquel cabecilla que trata de vengar la muerte de su hijo favorito. De esta manera se inicia un conjunto de escenas de acción y asesinato violento, que culminan con la amputación de las dos manos del protagonista, Julian, el otro hijo, frente al afán de castigo del policía torturador, al salvar la vida de la hija pequeña de éste a manos de un sicario.
En la narración cinematográfica se valora sobre todo el suceso violento y sangriento convertidos en objetivo estético, que afecta a cada uno de los personajes situados en los bajos fondos del Lejano Oriente. Los diálogos son parcos frente al silencio y la mirada de los personajes, característica que le va muy bien a Julian, interpretado por el actor, Ryan Gosling, que muestra la misma manera de actuar que en la película Drive, realizada por idéntico director, del que se ha convertido en el actor favorito. También resulta adecuado este rasgo al personaje del policía vengador, Chang, interpretado por el desconocido Vithaya Pansringarm. Una aspecto que está en relación con la forma de expresión visual y argumental de la película en la que interesa más la estilización o expresión de la realidad, a que esta misma se adecue a un planteamiento exclusivamente racional, localizado en el espacio y en el tiempo.
El espectador se enfrenta a una película de género negro, mezclada con el gusto exótico de las artes marciales, con ciertos parecidos al estilo cinematográfico de Tarantino en Kill Bill. Predomina, por tanto, la forma, el entretenimiento sofisticado sobre cualquier planteamiento realista que se propusiese tratar los problemas de fondo causados por la marginalidad, más bien, el abordar un mundo hasta cierto punto irreal, donde la venganza es el procedimiento habitual, y la justicia, a la manera antigua, no se diferencia de aquella, sino en quien la ejerce.

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