SOBRE EL HOLOCAUSTO JUDÍO

Los historiadores se han ocupado desde que terminó la Segunda Guerra Mundial de arrojar luz sobre las circunstancias en las cuales se produjo el llamado holocausto judío. Fue un hecho de extraordinaria gravedad, un antes y un después en el desarrollo de la Historia Contemporánea, un repensar sobre los límites a los que puede llegar el hombre en el ejercicio de la violencia. El director y antiguo combatiente contra los nazis, Claude Lanzmann lo abordó de manera magistral en la película, Shoah. Ahora rescata un material que había grabado para ella pero que no llegó a incluir porque no se adecuaba al tono de tragedia incensante que la caracterizaba, que constituía un conjunto de entrevistas realizadas en Roma a Benjamin Murmelstein, considerado por aquella época el único presidente de un Consejo Judío que quedaba vivo.
Este personaje ejerció el cargo en el gueto o campo de concentración de Terezin ( Theresesienstadt ) en Checoslovaquia a final de la guerra. Un campo donde fue encerrada gran parte de la élite judía de habla alemana. El régimen nazi lo convirtió hasta cierto punto en un campo modelo en su trato con los prisioneros, pero donde se hicieron las más crueles torturas y asesinatos. Por allí pasaron grupos de detenidos para ser llevados a los centros de exterminio en Polonia. A la serie de entrevistas, el director incluye, una investigación documental actual del campo en la que lee textos referidos al mismo, escritos algunos por el propio Benjamin Murmelstein, y las imágenes de la ciudad y los lugares más significativos, donde sucedieron tan espantosos sucesos. Por otra parte comprueba algunos datos históricos aportados por él.


El papel de los Consejos Judíos ha suscitado controversia. Hasta qué punto colaboraron con los verdugos en el genocidio. La famosa filósofa, Hannah Arendt opinó en este sentido negativo. Está demostrado que actuaron bajo amenaza de muerte, y que salvo rarísimas excepciones, no tuvieron otra opción. Lanzmann apuesta por esta interpretación incluso en el caso de Benjamin Murmelstein, un personaje de extraordinaria inteligencia que logró sobrevivir cuando sus predecesores en el cargo habían sido asesinados. En el documental, que recibe el título de EL ÚLTIMO DE LOS INJUSTOS, nombre que el mismo se da, muestra una capacidad de convencimiento que al director le parece sincera.


Tras su visionado, el documental nos muestra su valor histórico para ofrecernos un testimonio clarividente sobre tres aspectos: La organización del Holocausto; el papel de los Consejos Judíos, y sobre el propio protagonista, cuya trayectoria antes de la guerra, en ella y después resulta muy interesante. En primer lugar nos informa que él fue juzgado por el gobierno checo tras la guerra, pero que fue absuelto de cualquier culpa. De todas maneras en 1975 vivía en Roma lejos de Israel. Se deduce que si en esta entrevista tenía 70 años, vivió aquellos acontecimientos, que él llevaría a un libro, siendo relativamente joven. También se deduce que fue un personaje relevante desde antes de la guerra cuando ejerció un cargo religioso en la comunidad judía de Viena. Allí pasaría a representarla frente a Eichmann, el organizador práctico del genocidio.
Así mismo, éste jerarca nazi le empleó para organizar primero la emigración de los judíos más pudientes a otros países de Europa, a los cuales, por aquella época se les despojaba de sus bienes si querían  escapar, por lo que trató a un nivel próximo con el que años después sería juzgado en Israel. Benjamin Murmelstein opina que no fue un simple funcionario alemán, sino un auténtico demonio al frente de la maquinaria de exterminio. Estuvo a su nivel, frente a frente, varias veces sentado en una silla. Pudo escapar en el año 1938 cuando viajó a Londres, pero regresó a Viena, como hicieron otros representantes de la comunidad judía. El régimen nazi actuó como está demostrado con una estrategia progresiva hacia los judíos, de la que se mantenía oculta gran parte, en la que se pasó de las palabra a los hechos en su intención de asesinarlos en masa.


Esto lo llevarían a cabo empleando a los propios judíos que llegaron a organizar hasta las listas de los  trenes que los conducían hacia la muerte. Les permitieron estar bajo una autoridad judía en los campos de prisioneros que debía colaborar, mientras la guerra transcurría y ellos los iban empleando como fuerza de trabajo, para terminar luego con su vida. Benjamin Murmelstein llega afirmar que hacían todo lo que podían para que el gueto de Terezin estuviera lo mejor posible para que así sirviera a los intereses de los nazis frente por ejemplo a la Cruz Roja que el año 1944 lo visitó, y así conservar su vida.


Esta estrategia sistemática hacia los judíos fue encubierta por el régimen hitleriano. En el campo de Terezin se sabía que los llevaban hacia el Este, pero desconocían de la existencia de Auschwitz y de las cámaras de gas. Finalmente, él emplea la metáfora de la marioneta para mostrar cuál era la relación con los nazis, una marioneta que movía sus propios hilos. El extraordinario documental termina con una última entrevista en la que el entrevistador y entrevistado pasean por las ruínas de los Foros Imperiales de Roma y cruzan bajo el arco de triunfo del emperador Tito, cuya decoración escultórica alude a la derrota militar de los judíos y el inicio de la diáspora.

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