EL IMPOSTOR Y LA MUJER ARTISTA

A lo largo de la Historia del Arte ha habido un número muy pequeño de mujeres artistas en relación con los hombres. El papel desempeñado por la mujer en la cultura y sociedad occidental hasta el mundo contemporáneo explica tal asimetría. Tendría que llegar el siglo XX para empezar a poner fin a la desigualdad de género. Cada vez hubo más mujeres que tenían una mayor formación académica y hacían valer los derechos políticos y sociales que les correspondían. Este hecho se relaciona con la prosperidad económica a finales de los años 50 y la libertad conseguida con la revolución sexual de los 60.


Este es el contexto de la película, BIG EYES, dirigida y producida por Tim Burton, que cuenta la historia real de la artista Margaret Keane. Una mujer que escapó de su marido con su hija para ser independiente y ganarse la vida, para caer en manos de un impostor que se hace pasar por un pintor que había residido en Francia, sin tener ninguna aptitud para ello. Después de casarse de nuevo, pronto se dará cuenta que las pinturas enigmáticas de niños solitarios con grandes ojos tienen mucho más éxito que las obras de su marido. Éste tiene dotes para las relaciones sociales y el negocio artístico frente al carácter más introvertido de Margaret, hasta el punto que se apropia de la autoría de los cuadros.


De esta manera se construyó una gran mentira que alcanzó grandes proporciones, basándose en el éxito de las pinturas de niños y a los revolucionarios procedimientos de comercialización del arte que se inventó Walter Keane. Unos métodos que se centraban por una parte en la venta de las obras en su propia galería para los clientes más adinerados, y por otra, en la difusión de los que hoy se denomina, merchandising, de las propias imágenes de los cuadros, en carteles y en múltiples reproducciones en supermercados. Las consecuencias fueron la popularidad y el enriquecimiento de los Keane.


Sin embargo, tal situación llegó a un límite cuando Walter tuvo que salir en defensa de las pinturas que fueron duramente criticadas por el especialista en arte del New York Times. No podía explicarlas correctamente porque las motivaciones últimas del estilo las llevaba Margaret dentro de ella. Atendían a la expresión de las emociones y a las cualidades de la mirada como espejo de una espiritualidad, de alma humana. También, ésta ya no aguantaba el comportamiento interesado y violento del primero, del que se separa huyendo a Hawai, pero que a cambio del divorcio tiene que ceder los derechos de sus obras.


En las islas del Pacífico, Margaret difunde por la radio que ella es la autora de los cuadros y lleva a juicio a su exmarido. En éste, el juez para despejar dudas y observando las cualidades de embaucador de Walter, les oblida a pintar un cuadro en una hora. El resultado es la victoria de una mujer que por debilidad frente al hombre, tuvo que ceder la libertad y el talento personal. Al final de la película se incluyen fotografías reales de los protagonistas. Walter no volvió a pintar aunque siguió afirmando que era el autor de las pinturas hasta su muerte en el año 2000. Margaret, ya anciana, aparece junto a la actriz que le interpreta, Amy Adams, como ejemplo de mujer artista que luchó por la igualdad.

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