LA PENITENCIA COMO CASTIGO

La sociedad tiene procedimientos para castigar la vulneración de las leyes en todos los ámbitos. Unas normas legales aprobadas por el parlamento. La Iglesia católica está sometida a ellas y también aplica métodos específicos cuando los sacerdotes actúan de manera impropia en el ejercicio de su cargo pastoral. Unos procedimientos caracterizados por el secretismo y sin informar a la opinión pública. La película, EL CLUB, dirigida por el chileno, Pablo Larraín, trata el tema de aquellos sacerdotes que no pueden seguir ejerciendo y están recluidos en casas de retiro. Este es el caso de los cuatro hombres que viven juntos en un pequeño pueblo costero protagonistas de la historia por la que recibió el merecido Gran Premio del Jurado en el Festival de Berlín.



Tienen que expirar los pecados cometidos en el pasado mediante la disciplina y la oración. La rutina, que incluye el adiestramiento de un galgo para las carreras, se rompe cuando viene un nuevo sacerdote con el problema que le persigue una antigua víctima de sus abusos, que le provocará la desesperación y el suicidio. Los que allí viven apartados tienen igualmente un pasado con problemas. Uno llegó a apuntar las confesiones de los militares que habían participado en la represión de la dictadura; otro daba a la adopción a madres de clase alta niños nacidos de chicas pobres; el tercero, había abusado de jóvenes; y el cuarto, ya muy anciano, no había registro de lo que había hecho.


La Iglesia ante el suicidio del sacerdote envía un representante con poder para que investigue las causas. Tiene que decidir si cierra la casa o permite que siga existiendo con mayor disciplina. El enviado tendrá que hacer revivir a los integrantes su pasado turbio para ver si son conscientes de sus culpas. Este proceso es el que explicita la película. También cuando tiene que poner fin al acoso que ejerce una víctima de los abusos contra ellos, hoy convertida en un vagabundo, que amenaza el retiro en el que se encuentran. Lo harán de una manera particular que le convertirá en objetivo de las iras de los vecinos. Sin embargo, por haber sufrido dos veces de las acciones de los miembros de la Iglesia, se va a convertir en la principal penitencia para expiar sus pecados. Convivir con él el resto de sus vidas.


La película resulta fascinante y brutal para el espectador, sobre todo cuando los protagonistas articulan los hechos por los que viven apartados a orillas del mar. Unos hechos que todavía no han sido del todo aceptados por ellos mismos, cuando es el silencio y la lejanía lo que les permite salir adelante. La Iglesia les castiga y les mantiene de esta forma. Sirve de complemento la textura de la imagen, oscura, cruda, de colores fríos, donde los rostros se muestran siempre en penumbra o en contraluz como el complemento adecuado a la penitencia.

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