PIERRE BONNARD EN MADRID

Autorretrato
Después de más de treinta años, no se ofrecía una gran retrospectiva del artista francés, PIERRE BONNARD, como la que exhibe la Fundación Mapfre de Madrid. Su estilo construido con machas de color fuerte y saturado centrado en escenas de la vida cotidiana y en paisajes atraen al espectador. Sin embargo, encubren una manera de hacer muy personal e inclasificable que trata cuestiones más profundas. Fue una figura que contribuyó al nacimiento del arte moderno, que se apartó de la representación fiel de la naturaleza al fundar con Vuillard, Roussel y Valloton en 1888 el grupo de los nabis, los profetas, que seguían las investigaciones de Gauguin.

El palco, 1908
Desde este momento comenzaría una trayectoria personal en el ámbito de la pintura, un camino propio en el momento en el que empezaban a surgir las primera vanguardias. La exposición madrileña aborda las distintas direcciones que recorrió el artista hasta su muerte en 1947. En general deseó expresar la experiencia del mundo con mayor libertad. Una visión llena de lirismo impregnado de melancolía a través de la luz y el color. Los temas de interiores con o sin personajes aluden a grandes cuestiones y experiencias vitales como la falta de comunicación, la soledad, la ternura o el erotismo, que muchas veces vivimos en nuestra intimidad.

El baño, 1925
Retrató a sus amigos, familiares y amantes, fundamentalmente a Marthe de Méligny, que llegó a ser su compañera sentimental, una mujer que sufrió durante su vida fobia social y crisis neuróticas, que se agravaron con el paso de los años. Este hecho les llevó a estar aislados y a cambiar de residencia, aunque donde pasaron más tiempo fue en las de Vernon, en Normandía, y Le Cannet, en la Costa Azul. Pierre Bonnard también representó exteriores. Desde escenas callejeras o espectáculos, hasta llegar a captar el paisaje imaginario. El artista no pintaba del natural, sino tomaba apuntes, dibujos o fotografías  para partir de lo que había visto y crear lo que quería transmitir.

La palma, 1926
En el paisaje, donde partía del análisis de la experiencia, logró proyectar su idea más personal sobre la pintura y sobre el mundo como lugar prototipo en completa armonía con el hombre. La interpretación lírica de la naturaleza se expresa con composiciones de luz y color desbordantes. El prestigio como pintor le llevó a recibir el encargo de pintar grandes murales por parte de amigos y conocidos. Al provenir de éstos, pudo desarrollar libremente su creatividad. Llegó a representar en estas obras la Arcadia, expresada en ese paisaje ideal y en seres humanos y mitológicos. Repleto de alegría y vitalidad, pero también de una cierta angustia existencial.

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