LA CAPTURA DE EICHMANN


Los crímenes del régimen nazi dejaron una profunda huella en la sociedad alemana. Después de la guerra surgió una nueva Alemania situada en el mundo occidental dirigida por el canciller Adenauer que propuso dejar el pasado atrás. La nueva andadura democrática tenía, sin embargo, que hacer frente a una regeneración de la sociedad por las graves responsabilidades sobre los hechos acontecidos. Este duro pasado tardará en ser afrontado, en hacer justicia de alguna manera, para construir un futuro mejor. Uno de los héroes que pretendió este propósito en una época en la que parte de los miembros que habían participado en el antiguo régimen seguían en sus puestos, fue el fiscal que da título la película, EL CASO FRITZ BAUER (Der Staat gegen Fritz Bauer), dirigida por Lars Kraume.


Fritz Bauer, hijo de judíos, llegó a ser juez de distrito, muy joven durante la República de Weimar. Estuvo relacionado con el Partido Socialdemócrata en ese convulso periodo. La llegada de los nazis al poder le obligó a exiliarse, primero en Dinamarca, y luego en Suecia, donde pasó la guerra. A su regreso en 1949, recuperaría su puesto, y llegaría a ser fiscal general del estado de Hesse en 1956, puesto que ocuparía hasta su muerte en 1968. A contracorriente, pretendía llevar a los criminales nazis ante los tribunales, una tarea verdaderamente difícil por la propia política de olvidar el pasado del nuevo régimen, como por la pervivencia de elementos peligrosos en las altas esferas.


Su lucha va a tener éxito, tras infructuosas búsquedas, cuando reciba una carta de Argentina proveniente de una familia que informa que el novio de su hija es el hijo de Adolf Eichmann, uno de los responsables organizativos del Holocausto, que vivía con otra identidad en el país americano, aunque sin demasiada discrección, hasta el punto de fingir su identidad real y hacer declaraciones en una revista ultraderechista. Aunque el estado de Hesse tenía abierto un expediente sobre este personaje de las SS y otros de su misma condición, no querían enjuiciarlos, por lo que puso la información en manos del Mosad, los servicios de inteligencia israelíes. Éstos le habían investigado, pero descartaron que fuera, sin mas pruebas, aquel peligroso criminal.


Las evidencias definitivas se las dio Fritz Bauer con riesgo de cometer alta traición al identificarle por ser trabajador de la fábrica de coches Mercedes. Lo que siguió fue el secuestro por el Mosad en Argentina y su traslado a Israel para ser juzgado y condenado a muerte. El famoso fiscal continuaría con su lucha al iniciar el gran juicio de Auschwitz en Frankfurt, uno de los casos penales más importantes de la posguerra. Por otra parte, la película cuenta cómo se libró de la acusación de alta traición por que mantuvo sus gestiones con los israelíes ocultas, y el fiscal que tenía como ayudante no aceptó el chantaje de los servicios de información alemanes, que le incitaron a denunciarle a cambio de ocultar sus relaciones homosexuales, lo que le costaría la cárcel. De esta manera, la lucha de Fritz Bauer también es en defensa de los derechos y las libertades individuales, por cambiar unas leyes injustas que criminalizan la orientación sexual que caracteriza a los protagonistas.

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