LA PINTURA DE WIFREDO LAM

Autorretrato, II, 1938

El Museo Reina Sofía organiza una magnífica retrospectiva del pintor cubano WIFREDO LAM, que reune alrededor de doscientas cincuenta obras, pinturas, dibujos, cerámicas, grabados, completadas con más de trescientos documentos, cartas, fotografías, revistas y libros. Se exponen de forma cronológica recorriendo toda su trayectoria desde la etapa de formación en España, 1923-1938, hasta su periodo de consagración y el final de su vida en 1982. Tres hitos construyeron su visión del arte y de la vida, España, Paris-Marsella y Cuba. Elaboró un estilo propio que es testigo de los distintos lenguajes de la vanguardia europea, especialmente del surrealismo y Picasso, unido a la mezcla cultural y racial de sus orígenes.

La fruta bomba, 1944

Wifredo Lam (1902-1982) estudió en la Academia de Bellas Artes de Madrid y desde los planteamientos clásicos, estudiando a los maestros del Museo del Prado, evolucionó hacia el lenguaje de la vanguardia, en especial del expresionismo alemán, Pablo Picasso, Juan Gris, Henri Matisse y Joan Miró. Crea un estilo personal cada vez más simplificado y depurado desde estas influencias, que se va transformando según los avatares intensos del siglo XX. Llegó a comprometerse en los años treinta con la causa republicana a la vez que se muestra interesado por las cuestiones sociopolíticas. En mayor de 1938, la Guerra Civil española le lleva al exilio en París, donde conoce, aconsejado por Picasso, la estatuaria negra. La guerra mundial le lleva a Marsella donde coincide con André Breton y parte del círculo surrealista con el que participa y realiza numerosos cuadernos de dibujos.

Natividad, 1947

La década de los cuarenta la pasa principalmente en su Cuba natal, la del gobierno de Fulgencio Batista, donde configura su estilo más propio, de madurez. Figuras cada vez más esquemáticas con una sensibilidad musical en un contexto de hibridación cultural, de naturaleza tropical. Lam es un artista cada vez más famoso y bien relacionado con el mundo del arte. De esta manera, a partir de 1952, el artista emprende una serie de viajes y vuelve a instalarse en París. Es el momento en el que las exposiciones internacionales se multiplican, especialmente con los artistas de CoBrA, que le presenta su amigo, el artista Asger Jorn. Cabe señalar tres facetas de su infatigable trabajo. En primer lugar su interés por la cerámica hasta el punto que en 1975 realizará unas trescientas piezas, un medio que le proporciona libertad y en la que interviene el azar en el proceso de creación.

Le Sombre Malembo, dieu du Carrefour, 1943

El segundo aspecto de esta época de madurez se plasma en los numerosos grabados que realiza para libros de artistas, de los cuales hay varios ejemplos en la exposición, y cuyo último trabajo fue sobre un texto de Jean-Dominique Rey, titulado L´Herbe sous les pavés. Finalmente, su interés por la fotografía y el cine, que el emplea en el ámbito privado para capturar la vida familiar, y de la que se ha hecho un vídeo a partir de las grabaciones que hizo a lo largo de su vida. También, su obra autobiográfica, El nuevo Nuevo Mundo de Lam de 1976: una cartografía de afinidades poéticas y sociopolíticas, que refleja el rico abanico de referencias y lenguajes, y la determinación de hacer con ellas un discurso personal.

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