SOBRE EL PERDÓN Y EL OLVIDO


El director y guionista Imanol Uribe aborda en la película, LEJOS DEL MAR, las heridas profundas provocadas en las víctimas por el terrorismo que no llegan a cerrarse con el paso de los años. Euskadi sufrió durante muchos años la actividad violenta de la organización ETA. Todavía el grupo no se ha disuelto pero las acciones armadas han cesado. Las consecuencias han sido un grupo de victimas causadas por las bombas y las pistolas, también centenares de presos con delitos de sangre. El paso del tiempo ha hecho que estos presos vayan saliendo en libertad aplicando las leyes de la época de cuando comentieron los delitos.


Las familias y las personas, hoy víctimas del terrorismo han procurado siempre que el Estado no baje la guardia para que aplique mano dura a los grupos que exaltan la violencia y que retrase la puesta en libertad de aquellos condenados con delitos de sangre. Algunos de ellos han logrado la libertad sin mostrar arrepentimiento, mientras otros, la consiguieron más fácilmente por éste, y han pedido perdón directamente a las víctimas a las que provocaron un gran dolor por la pérdida de sus seres queridos. Imanol Uribe trata el tema del encuentro de una víctima, una mujer hoy médico, que cuando tenía ocho años contempló cómo mataron a su padre militar, con un antiguo miembro de ETA, que sale de la cárcel, después de haber cumplido condena durante más de veinte años por ese crímen.


En un principio, el encuentro es fortuíto, porque Santi, el preso etarra, va a Almería a visitar a un compañero de celda ahora enfermo. Luego, tras reconocerle, la relación se vuelve dramática porque, Marina, la hija del militar, testigo del crímen, hiere con la antigua pistola de su padre al primero, para luego curarle en una casa abandonada en el Cabo de Gata. Ella no ha superado con el paso de los años aquél dramático suceso y quería venganza, pero se siente atraída por él. Santi se recupera de los disparos con su ayuda y comienza una relación amor-comprensión con Marina, que los medios de comunicación, en concreto, el periódico donde trabaja su marido, la entiende como una especie de Síndrome de Estocolmo.


Sin embargo, prevalece el odio y la venganza, frente a la memoria y el perdón, es decir de nuevo, la violencia. En este punto el director cambia un tratamiento explícito de la historia, a uno más indirecto en la escena final de la película, haciendo reflexionar al espectador con este relato trágico, que es el principal objetivo de la misma, en la que destaca un trabajo excepcional de los actores protagonistas, Eduard Fernández como Santi, y Elena Anaya como Marina.

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