EL ARTE DENTRO DE LA PINTURA

Huyendo de la crítica, Pere Borrell del Caso, 1874

El Museo del Prado organiza la exposición, METAPINTURA. Un viaje a la idea del arte, en la que se nos muestra un recorrido introspectivo o de reflexión sobre la concepción de la Pintura y la Escultura que se realiza dentro de las propias obras artísticas, desde finales de la Edad Media hasta los inicios de la Contemporánea. Estas se convirtieron en ventanas de una realidad exterior o espejos en los que sus autores reflejaron una serie de cuestiones referidas a su actividad, al arte mismo. El recorrido o viaje es progresivo, a través de quince etapas donde se habla de la relación de éste con el artista y la sociedad. Reúne un conjunto de 137 obras, principalmente pinturas, aunque también hay dibujos, estampas, libros y esculturas. La mayoría provienen del Prado, lo que se inscribe en una muestra que propone una perspectiva diferente sobre sus propias colecciones.


El origen de la pintura, Matías de Arteaga, 1665

El recorrido termina en 1819, fecha de la creación del Museo del Prado, lo que supuso para España que la pintura o la escultura debían ser protegidas por el Estado y servir a la educación y la cultura del país. Un viaje donde el visitante se da cuenta de la importancia que han tenido las Colecciones Reales y el arte español para la institución. En un principio se concebía al arte como universal sin fronteras hasta llegar a ser entendido dentro de nuestra historia nacional. Para mostrar las distintas perspectivas de análisis y el desarrollo, el conjunto se organiza en quince etapas o secciones. Las dos primeras aluden a las concepciones, religiosa o pagana, mitológica de la imagen. Son los orígenes. La misma divinidad es un artista, incluso la propia Naturaleza. Necesitan la pintura para mostrar su propia imagen. San Lucas fue pintor de la Virgen.

Autorretrato, Murillo, 1670

El mito de Narciso alude a la creación de una imagen artística, la reflejada en el agua donde se ahogó.  En la sección, Cuando no basta el arte: el poder de la imágenes, se alude a su poder mágico o religioso. Cobran vida y se aparecen a los hombres con los que establecen una relación milagrosa. En La pintura como signo, se muestran varios ejemplos de cuadro dentro del cuadro, que nos ayudan a comprender el significado de la obra donde se encuentran. Le sigue, Los límites del cuadro, la escena o los personajes representados parecen sobrepasar los marcos de la representación pictórica. La parte intermedia de la exposición nos informa que Las Meninas pintada por Velázquez y el Quijote de Cervantes, la primera representada por una fotografía de Laurent y el segundo por los ejemplares de la primera edición, son los mejores ejemplos de obras autorreferenciales, uno de una novela sobre la novela, y otro de una pintura sobre la pintura.

El Archiduque Leopoldo Guillermo en su galería de pinturas de Bruselas, David Teniers, 1647-51

En la segunda parte de la exposición nos plantea nuevas perspectivas entorno a la representación pictórica y a los propios artistas. Son las secciones tituladas, Historia y Tradición: Tiziano; Arte Infinito, donde se expone Las Hilanderas de Velázquez, como ejemplo paradigmático; y el Rostro del Arte, un conjunto sobresaliente de autorrretratos y retratos de artistas. Sabemos cómo quieren ser percibidos, nos falta, donde deben exponerse sus obras. Así se presenta la sección, Los lugares del arte, que muestra los grandes palacios de la monarquía absoluta conteniendo conjuntos extensos de pinturas que estimulan nuestro sentido visual. 


Giovanni Battista Casseli, Sofonisba Anguissola, 1557-58
La llegada de la Ilustración y el fin de la Edad Moderna, es el momento para surgir un nuevo relato o interpretación sobre el arte. Lo comprobamos en las últimas secciones, denominadas, La Historia del Arte; Goya y la crisis de la imagen religiosa; Hacia un nuevo artista: entorno afectivo y subjetividad; y Mitos modernos: amor, muerte y fama. La obra y la personalidad del artista aragonés son esenciales. Jovellanos llevará a cabo la primera historia moderna de la pintura española. Los usos tradicionales de la imagen religiosa se pone en cuestión. Los artistas representan con frecuencia su entorno afectivo, y se prima la subjetividad en los artistas, lo relacionado a su personalidad y la fama. La última sección se titula, El fin del viaje, lo preside el retrato de la reina Isabel de Braganza, esposa de Fernando VII, impulsora del Museo del Prado.

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