TESOROS DE LA HISPANIC SOCIETY

Archer Milton Huntington, José María López Mezquita, 1926

El Museo del Prado organiza una amplia exposición dedicada a las colecciones de la Hispanic Society Museum and Library de Nueva York. Constituyen el conjunto más importante fuera de la Península Ibérica de arte español y de América Latina de obras de arte y libros, representativos por su calidad y cantidad. Fueron reunidos por Archer Milton Huntington, filántropo, coleccionista e hispanista  en apenas cincuenta años con la intención de fomentar la apreciación rigurosa de nuestra cultura y profundizar en su estudio, a través del arte y la literatura. La institución abrió sus puertas en 1908 en la Ciudad de los Rascacielos desarrollando desde esa fecha esta labor sobresaliente.

Retrato de niña, Velázquez, 1638

La exposición de Madrid presenta unas 220 obras, especialmente 74 pinturas y 13 esculturas, desde la Prehistoria hasta el siglo XX, distribuidas en dos ámbitos, divididos a su vez en 10 secciones. La primera parte llega hasta el siglo XIX y supone un recorrido por la producción artística en España y Latinoamérica. Llama la atención por la riqueza y profundidad de los fondos al mostrar desde vasos campaniformes del calcolítico, mosaicos y esculturas romanas,  pinturas medievales, tejidos islámicos, hasta ejemplares singulares de su biblioteca, con importantes documentos firmados por reyes y artistas. Podemos citar  los privilegios firmados por Alfonso X el Sabio y Juan II y los escritos que llevan la firma del emperador Carlos V a su hijo Felipe II o a Tiziano, o la carta de la reina Isabel de Inglaterra.

Mapamundi, Giovanni Vespucci, 1526

La pintura del Siglo de Oro y el siglo XVIII muestra su mayor protagonismo con importantes ejemplos del Greco, Antonio Moro, Luis de Morales, Zurbarán, Murillo, Alonso Cano, Juan de Valdés Leal, Goya y sobre todo Velázquez, del que se exponen tres retratos, uno del Conde-duque de Olivares, otro de una niña, y el de Camillo Astalli. Además, se puede ver una carta de éste a Damián Gotiens. El recorrido de esta primera parte termina con el arte colonial y la sección cartográfica en la que destaca el Mapamundi de Giovanni Vespucci. 

Retrato de Juan Ramón Jiménez, Joaquín Sorolla, 1916

La segunda parte, situada en la planta superior,  es más ligera para el visitante. Ofrece una amplia selección de la pintura española del finales del siglo XIX y principios del XX, con obras de Beruete, Anglada Camarasa, Nonell, Rusiñol, Solana o Viladrich. Destaca sobre todo en esta última parte, la excepcional galería de retratos de la intelectualidad española de la época con la cual Huntington estableció relación, realizada por Joaquín Sorolla e Ignacio Zuloaga.

AVENTURA JUVENIL


Cuando se tienen catorce años como los protagonistas de la película, GOODBYE BERLÍN, dirigida por Fatih Akin, la vida cotidiana y emocional pasa entre la familia, el centro de estudios y la relación con los amigos. Si algún elemento de ellos presenta problemas al jóven, éste puede mostrar una conducta desordenada, sin tener claro su destino. Frente a los adultos, que tienen pleno conocimiento de las normas con las cuales se rige la sociedad, el adolescente desarrollaría, si tiene problemas, una conducta muchas veces alocada, que persigue la aventura y llena la insatisfación de la rutina diaria, la soledad y el vacío por la falta de afecto. Es lo que van a experimentar, Maik, proveniente de una familia rica pero disfuncional, y Tischick, un emigrante ruso. Los dos se han conocido en el instituto.


El argumento de la película se basa en la novela exitosa de Wolfgang Herrndorf, Tischick, que tiene a estos dos jóvenes marginados como protagonistas. Pues llega el verano y no son invitados a la fiesta de cumpleaños de la chica más encantadora  de la clase por raros. Además Maik ve como sus padres le dejan sólo en su lujosa casa. A la madre la ingresan en una clínica para superar su alcoholismo y su padre se va con una joven secretaria. La situación cambia cuando se presenta un día con un coche robado el chico de origen ruso recién llegado a clase. Deciden ir a la aventura, emprender un viaje hacia el este, al país donde proviene. Empieza una auténtica road movie por el sur de Alemania llena de dificultades. Transitan sobre todo por carreteras y caminos secundarios. Les cuesta encontrar comida y duermen al aire libre al lado de un generador de electricidad donde contemplan la noche estrellada.


Les persigue un granjero airado por haberse metido con el coche por el campo de maíz y asustar a las vacas. Una familia les invita a comer en otra ocasión. Conocen a una chica vagabunda mientras buscan un tubo para robar gasoil. Conviven con ella hasta que encuentra un autobus con destino a Praga, su lugar de destino. La aventura para los dos jóvenes se frena cuando se cruzan con un policía en una carretera secundaria. Tischick huye al ser descubierto. Maik roba la bicicleta del agente. Los dos se vuelven a encontrar en el molino de viento. Desde allí, emprendren el viaje de nuevo, pero todo termina cuando sufren un grave accidente con un camión que transportaba cerdos en la autopista.


Es la primera escena de la película, y una de las últimas. Para el espectador todo ha sido un flash back, desde donde se retoma el relato hasta su la parte final. Así, conocemos que Maik se recupera de las heridas y es castigado por conducir sin carnet levemente. Desde ese momento, no volverá a ver a Tischick, que sigue con su vida marginal, robando coches y bebiendo alcohol. El se incorpora al nuevo curso en el instituto, ya famoso por la aventura que ha tenido durante las vacaciones. Todo los compañeros le respetan, no le ven como invisible, especialmente la chica de la cual estuvo enamorado. A partir de ese momento, vivirá con su madre, separado ya de su progenitor, después de haberle golpeado tras los sucesos del verano.

INTRIGA EN LA CUMBRE


En el mundo globalizado parece que existe una realidad económica intocable. Los mercados imponen su ley sobre las realidades particulares de cada nación. El auténtico poder reside en ellos, por encima, incluso, de la libertad de los ciudadanos. Las instituciones mundiales como el FMI favorecen esta situación. Un grupo reducido de personas son las que toman las decisiones necesarias para que el rumbo siga en la dirección propicia. Establecen el camino a seguir y vigilan las desviaciones que cometen algunos países. Solamente existe un único relato económico, el que favorece la marcha implacable sin cortapisas del sistema económico capitalista. La falta de regulación de los mercados ha propiciado el enriquecimiento de unos pocos frente a la mayoría.


Los llamados populismos han surgido en el ámbito político para aprovecharse de la insatisfacción de los grupos sociales ante este predominio de los económico sobre la democracia, ante la globalización de la toma de decisiones que deja indefensa a gran parte de la población. La película, LAS CONFESIONES (Le confessioni), dirigida por Roberto Andò, pone de manifiesto el poder económico, su secretismo, en una intriga centrada en una cumbre de los ministros económicos del G8 en un hotel de lujo de la costa alemana. La ha convocado el director del FMI a la cual ha invitado además, a representantes de otros sectores, entre ellos a un monje cartujano, que serán los protagonistas de esa intriga.


La cumbre se celebra en un fin de semana. En la primera noche, tras llamar el director del FMI, Daniel Rochè, al monje, Roberto Salus, para que le confesase, el primero se suicida. Al principio parece un asesinato y todas las sospechas recaen en éste. Pero las investigaciones dejan claro que se ha quitado la vida. Empiezan, entonces, ha surgir los problemas. Se debate si comunicar a los medios el suceso para dar tiempo a controlar los mercados y el contenido del mensaje para evitar cualquier suceptibilidad. Por otra parte, los ministros económicos temen que haya confesado alguna medida económica secreta con influencia a nivel mundial. De esta manera se desarrolla la acción, descubrir entre unos y otros, divididos por intereses, la información proporcionada por el director.


Sin embargo, todo queda en nada, mientras cada uno muestra sus debilidades personales e intereses para que todo el sistema económico se mantenga como tal, en diferentes flash back, Robert Rochè lo único que confesó fue un cáncer terminal que padecía, pero ningún secreto, ni plan futuro. También lo que hizo fue pedir perdón por la inmoralidad de la toma de decisiones económicas, asunto que recuerda el monje frente a su cadáver junto a todos los ministros económicos antes del final de la película. Unas decisiones económicas inmorales que apostaron siempre por la supremacía de los beneficios materiales, de la marcha positiva del propio sistema, en contra de la mayoría de los ciudadanos perjudicados.